lunes, 3 de marzo de 2003

Costa Rica ante el espejo energético


Por Mauricio Álvarez Mora.

Costa Rica se encuentra frente a una decisión que no puede seguir postergando. No es solo un asunto técnico ni una discusión reservada a especialistas. Es, en esencia, una pregunta sobre el tipo de país que queremos ser. Nuestro modelo energético, ese que durante décadas se ha presentado como ejemplo, hoy revela tensiones profundas que obligan a repensarlo con honestidad. Este artículo retoma y reflexiona, precisamente, a partir de una propuesta elaborada por el grupo de energía de FECON, que plantea la urgencia de ese cambio.

sábado, 1 de marzo de 2003

En defensa del Río Sarapiquí


 Por Mauricio Álvarez Mora. 

En la cuenca del Río Sarapiquí operan hoy 6 plantas hidroeléctricas, dos de ellas en manos del ICE (Toro I y Toro II) y cuatro privadas. Por cierto, que en varias de éstas últimas hay intereses directos de la familia del ex presidente de la república Figueres Olsen. Aparte de eso, hay 12 más en proyecto. Como consecuencia, el río San Fernando, el río Huetar, el río Toro y por supuesto, el río Sarapiquí, no son ni el sueño de lo que fueron hace mucho. Las piedras que antes anunciaban el paso de las aguas, hoy se resecan al sol, producto de un caudal ecológico de apenas un 10 %.

martes, 18 de febrero de 2003

El veto presidencial a la Ley de Participación de las Cooperativas de Electrificación R: una decisión fundamentada en la protección ambiental y el interés público


Por Mauricio Álvarez Mora. 

El 18 de febrero de 2003, el presidente de la República, Abel Pacheco de la Espriella, y el ministro de Ambiente y Energía, Carlos Manuel Rodríguez Echandi, devolvieron a la Asamblea Legislativa sin la sanción correspondiente el Decreto Legislativo N.° 8345, denominado “Participación de las cooperativas de electrificación rural y de las empresas de servicios públicos municipales en el desarrollo nacional”. 

La decisión se materializó mediante un veto parcial fundamentado en razones de oportunidad y conveniencia, pero sobre todo en la obligación constitucional del Estado de proteger el ambiente, resguardar los recursos naturales y velar por el interés público. Lejos de tratarse de una objeción menor o de carácter técnico, el veto constituyó un contundente cuestionamiento a varios de los pilares del proyecto aprobado por la Asamblea Legislativa y una validación de las preocupaciones que diversos sectores habían expresado sobre sus posibles consecuencias ambientales, sociales y jurídicas.

martes, 11 de febrero de 2003

¿ Por qué se solicitó un veto presidencial a ley sobre cooperativas eléctricas?


Por Mauricio Álvarez Mora. 

Organizaciones advirtieron sobre posibles impactos en ríos, áreas protegidas y comunidades, así como eventuales efectos sobre el modelo eléctrico nacional

En febrero de 2003, un amplio sector ambiental solicitó al entonces presidente de la República, Abel Pacheco de la Espriella, vetar la Ley de Participación de las Cooperativas de Electrificación Rural y de las Empresas de Servicios Públicos Municipales en el Desarrollo Nacional, aprobada por la Asamblea Legislativa bajo el expediente 14.582.

jueves, 30 de enero de 2003

Aprobado el “combo silencioso” para la generación privada: un retroceso ambiental y social


En enero de 2003 se aprobó una ley con un nombre técnico y aparentemente inocuo: “Participación de Cooperativas de Electrificación Rural y de las Empresas de Servicios Públicos Municipales en el Desarrollo Nacional”. Sin embargo, detrás de ese título se esconde una transformación profunda y preocupante del modelo eléctrico costarricense. Lejos de fortalecer el carácter público, solidario y planificado del sistema, esta legislación abre la puerta a un proceso acelerado de privatización con implicaciones ambientales, sociales y económicas que no pueden ser ignoradas.

jueves, 12 de diciembre de 2002

Peñas Blancas y el otro rostro de las hidroeléctricas


Por Mauricio Álvarez Mora. 

Durante años, los proyectos hidroeléctricos han sido presentados en Costa Rica como ejemplos de progreso, desarrollo sostenible y energía limpia. En los discursos oficiales, las represas aparecen asociadas al bienestar nacional, a la modernización de las regiones rurales y a la protección del ambiente frente a otras fuentes de generación eléctrica. Sin embargo, cuando se recorren las comunidades donde estas obras se construyen, surgen preguntas incómodas que rara vez aparecen en los folletos publicitarios o en los informes institucionales.

domingo, 10 de noviembre de 2002

Presiones de generadores: Compra de 600.000 líneas celulares cancelada.


Por Mauricio Álvarez Mora.

Se niega aval al ICE si la Contraloría General de la República sigue evitando el aumento de tarifas. El periódico La Nación denunció que la Agencia Corporación de Inversión Privada de Ultramar, de EE.UU. congeló el aval para un proyecto para financiar la compra de 600.000 líneas celulares por parte del ICE. Ello, como consecuencia de la intención de la Contraloría General de la República de hacer cumplir la ley y evitar que las tarifas sigan lesionando a nuestro país.

domingo, 3 de noviembre de 2002

Tarifas ilegales de los cogeneradores: un modelo que encarece la electricidad y favorece intereses privados


Por Mauricio Álvarez Mora.

Entre 1994 y 1995 el Instituto Costarricense de Electricidad firmó 15 contratos de compra de energía a empresas privadas con el argumento de cubrir un faltante en la generación. Sin embargo, lo que en su momento se presentó como una solución coyuntural terminó consolidando un esquema tarifario profundamente cuestionado, que años después sería señalado por la Contraloría General de la República como lesivo para el interés público.

jueves, 3 de octubre de 2002

Pagos a generadores privados comprometen la inversión eléctrica del ICE


Por Mauricio Álvarez Mora.

El informe del Frente Interno de Trabajadores del Instituto Costarricense de Electricidad, presentado en octubre del 2002, advierte sobre un impacto directo en la inversión eléctrica del país producto de los pagos a generadores privados. Según la investigación, entre 1999 y 2010 el Instituto Costarricense de Electricidad habrá pagado a estos generadores alrededor de ¢484.500 millones, una cifra que compromete de manera significativa la estructura financiera del sector eléctrico nacional.

El documento señala que el sistema eléctrico cuenta con una capacidad instalada efectiva de 1.689,11 megavatios, de los cuales un 75% corresponde a plantas hidroeléctricas, un 14% a térmicas, un 9% a geotérmicas y un 3% a eólicas. De esa capacidad, el Instituto Costarricense de Electricidad opera el 81,2%, mientras que los generadores privados participan con un 13,2% y el resto corresponde a empresas distribuidoras.

jueves, 6 de junio de 2002

Talamanca libre de petróleo: comunidades indígenas, poder local y defensa del territorio

Por Mauricio Álvarez Mora. 

La moratoria petrolera que hoy se abre paso en Costa Rica tiene sus raíces en los procesos organizativos impulsados por comunidades indígenas y afrodescendientes del Caribe Sur. Mucho antes de que el debate sobre la explotación petrolera alcanzara dimensión nacional, las poblaciones de Talamanca ya habían expresado su rechazo a las actividades de exploración y explotación de hidrocarburos en sus territorios.

Este proceso alcanzó un momento decisivo el 12 de abril de 2002, cuando el Concejo Municipal de Talamanca, en la provincia de Limón, aprobó durante la Sesión Extraordinaria N.° 97 una declaratoria mediante la cual el cantón se proclamó libre de actividades petroleras. La decisión recogió años de oposición comunitaria y constituyó una de las expresiones más importantes de poder local frente al avance de la industria petrolera en Costa Rica.

viernes, 31 de mayo de 2002

Boruca: un pueblo que no puede ser inundado


Por Mauricio Álvarez Mora. 

“Estamos viviendo la represa psicológicamente desde hace muchos años, pues el gobierno no invierte en un área que va a inundar. No hay empleo, infraestructura, no hay nada por culpa de la futura represa. Si nos trasladan vamos a perder nuestra identidad, aquí tenemos nuestra raíz. Los del ICE están ilegalmente en nuestra comunidad. Si nosotros respetamos su ley, ¿por qué ellos no respetan la de nosotros?”

Las palabras de una lideresa de la comunidad indígena de Rey Curré, pronunciadas durante el II Foro Nacional de Comunidades Frente a la Expansión Hidroeléctrica realizado este año, resumen mejor que cualquier estudio técnico la situación que viven actualmente las comunidades amenazadas por el Proyecto Hidroeléctrico Boruca.

Desde hace años se nos ha querido presentar esta represa como una obra indispensable para el desarrollo nacional. Sin embargo, detrás de las cifras sobre megavatios y crecimiento económico existe una realidad que rara vez aparece en los discursos oficiales: la amenaza de desaparición cultural, territorial y ambiental que enfrentan miles de personas en la región sur del país.

El Proyecto Hidroeléctrico Boruca inundaría cerca de 25.000 hectáreas de territorio, afectando directamente a comunidades campesinas y a cuatro territorios indígenas: Boruca, Rey Curré, Térraba y Guaymí. Más de 1.200 familias tendrían que abandonar sus hogares, sus tierras y sus formas de vida para dar paso a un embalse cuya principal justificación parece estar cada vez menos relacionada con las necesidades energéticas nacionales y cada vez más con los planes de exportación de electricidad hacia el mercado centroamericano.

La pregunta que debe hacerse el país es sencilla: ¿puede llamarse desarrollo a un proyecto que obliga a un pueblo entero a abandonar el territorio donde ha construido su historia durante miles de años?

La historia, la identidad y la cosmovisión del pueblo boruca están profundamente ligadas a los ríos, a los bosques y a los sitios sagrados de su territorio. No se trata únicamente de tierras que podrían ser reemplazadas por otras. Se trata de espacios donde se conservan conocimientos ancestrales, prácticas culturales, cementerios, sitios arqueológicos y formas de relación con la naturaleza que han sobrevivido durante siglos.

No se puede pedir tan fácilmente a un pueblo indígena que abandone más de tres mil años de historia. La pérdida del territorio no significa únicamente un traslado físico. Significa desarraigo, ruptura cultural y la posible desaparición de elementos fundamentales de su identidad colectiva.

Por eso el tema central de esta discusión no debería ser únicamente cuánto costará la represa o cuánta energía producirá. El tema central es el derecho de los pueblos indígenas a decidir sobre su propio futuro. El derecho a decir sí o no a proyectos que transformarán para siempre sus territorios.

Lamentablemente, conforme avanzan los estudios del proyecto, el Gobierno y el Instituto Costarricense de Electricidad parecen ignorar principios fundamentales establecidos tanto en la Ley Indígena como en el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, que reconoce el derecho de los pueblos indígenas a ser consultados sobre las decisiones que afectan sus territorios y sus formas de vida.

Lo preocupante es que la discusión tampoco se limita a los territorios indígenas.

Los impactos identificados por diversos estudios abarcan toda la región. Entre ellos figuran el desplazamiento de poblaciones, la pérdida de tierras agrícolas, el aumento de la migración, la especulación sobre el precio de la tierra, la concentración de propiedades en manos externas a la región, cambios profundos en la estructura económica local, conflictos sociales, aumento del costo de vida y afectaciones a las formas tradicionales de organización comunitaria.

Experiencias recientes vinculadas a otros proyectos hidroeléctricos ya han mostrado que las promesas de empleo y prosperidad suelen ser temporales. Los empleos de construcción desaparecen cuando termina la obra, mientras que las comunidades deben convivir permanentemente con las consecuencias sociales y ambientales.

También preocupa la situación de los recursos naturales. La cuenca del Térraba alberga siete territorios indígenas y una enorme riqueza biológica y cultural. Existen importantes sitios arqueológicos y ecosistemas de gran valor para el país.

Particularmente grave resulta la amenaza sobre el Humedal Nacional Térraba-Sierpe, reconocido internacionalmente por su importancia ecológica.

Ya en 1975, estudios realizados por especialistas del Centro Científico Tropical advertían que la construcción de una gran represa sobre el río Térraba podría provocar alteraciones severas en la dinámica ecológica del delta. Entre los impactos señalados figuraban la disminución de la sedimentación natural, la posible intrusión salina en áreas agrícolas, la pérdida de productividad de manglares y esteros, así como afectaciones significativas a la pesca y a las actividades económicas asociadas.

En otras palabras, el proyecto podría comprometer la supervivencia de uno de los ecosistemas más importantes de Costa Rica y de toda Centroamérica.

Ante esta realidad, resulta indispensable preguntarse quiénes recibirán realmente los beneficios y quiénes asumirán los costos.

Las autoridades han insistido en que la represa traerá desarrollo a la región. Sin embargo, los beneficios concretos para las comunidades siguen siendo inciertos. Se habla de empleos temporales, pero no de participación real en la propiedad o en la gestión de la obra. Se habla de crecimiento económico, pero no de mecanismos que permitan a las poblaciones afectadas controlar o beneficiarse directamente de los recursos que se explotarán en sus territorios.

Por el contrario, los costos están claramente identificados y recaerán principalmente sobre las comunidades indígenas, campesinas y pesqueras de la región.

Más preocupante aún es la creciente percepción de que el proyecto responde a una estrategia regional de exportación energética vinculada al Plan Puebla Panamá y a los procesos de integración eléctrica mesoamericana. Si esto es así, entonces Costa Rica estaría sacrificando patrimonio cultural, biodiversidad y derechos indígenas para satisfacer demandas energéticas fuera de sus fronteras.

No parece una justificación aceptable.

Defender los derechos de los pueblos indígenas y cuestionar el Proyecto Hidroeléctrico Boruca no significa estar en contra del desarrollo ni de la electricidad. Por el contrario, significa exigir que el país discuta seriamente un modelo energético sustentable, capaz de armonizar las necesidades de producción eléctrica con la protección ambiental y el respeto de los derechos humanos.

Costa Rica necesita energía. Pero también necesita respetar su diversidad cultural, proteger sus ecosistemas y honrar los compromisos legales que ha asumido ante sus propios pueblos indígenas y ante la comunidad internacional.

La grandeza de una nación no se mide únicamente por la cantidad de energía que produce. También se mide por su capacidad para proteger a los pueblos que han habitado su territorio durante generaciones y por su voluntad de preservar aquello que constituye su patrimonio cultural y natural.

Si el precio de la electricidad es la inundación de la historia de un pueblo, entonces el costo es demasiado alto.

Boruca no es solamente un proyecto hidroeléctrico. Boruca es una decisión sobre el tipo de país que queremos ser.




¿Acciones afirmativas o reafirmación del control estatal sobre los territorios indígenas?

Por Mauricio Álvarez Mora. Docente de las Escuelas de Geografía y Ciencias Políticas, Programa Kioscos Socioambientales UCR e IDELA-UNA El 8...