Por Mauricio Álvarez Mora.
En Costa Rica se repite una escena cada vez más frecuente y peligrosa: comunidades enteras descubren que el agua que consumen está contaminada, mientras las autoridades reaccionan tarde, minimizan el problema o simplemente miran hacia otro lado.
Ahora le toca nuevamente a Río Cuarto. La reciente denuncia sobre el cierre por orden sanitaria del Acueducto La Tabla debido a contaminación con bromacil —un agroquímico prohibido en el país desde 2018— confirma algo que las comunidades de la Zona Norte llevan años gritando: el modelo piñero continúa avanzando sobre los territorios, las fuentes de agua y la vida de las personas con una impunidad alarmante.

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