Lo ocurrido recientemente en Panamá, donde unidades policiales dispararon contra manifestantes obreros que exigían condiciones básicas de seguridad laboral, no puede entenderse como un hecho aislado. La muerte de un trabajador y las múltiples personas heridas frente a cientos de testigos no solo evidencian un uso desproporcionado de la fuerza, sino que revelan algo más profundo: una peligrosa deriva autoritaria en la forma en que se está imponiendo un modelo de desarrollo en el país.
