Por Mauricio Álvarez Mora.
Hay momentos en que el arte deja de ser solo expresión y se convierte en advertencia. Eso es lo que ocurre en el auditorio de la Universidad de Costa Rica, lleno a su máxima capacidad, durante la presentación del videoclip Tractorcito de Frontera del cantautor alajuelense Wilson Arroyo. No es únicamente un evento cultural. Es, más bien, un acto colectivo de denuncia, una forma de decir en voz alta lo que durante años muchas comunidades vienen señalando casi en soledad.
Más de cien artistas deciden respaldar ese mensaje. Firman un manifiesto dirigido al entonces presidente Carlos Alvarado, pero en realidad el llamado va más allá de una figura política. Es una interpelación al país entero. A esa imagen de Costa Rica verde, respetuosa de la naturaleza, que tanto se proyecta hacia afuera, pero que se resquebraja cuando se observan de cerca las zonas de cultivo de piña.
