Por Mauricio Álvarez Mora.
Durante las últimas décadas, los proyectos hidroeléctricos se han presentado como sinónimo de progreso, modernización y desarrollo. Sin embargo, numerosas organizaciones sociales, indígenas, campesinas y ambientales de Mesoamérica han cuestionado profundamente esta narrativa, señalando que detrás de muchas represas existe una realidad marcada por el desplazamiento de comunidades, la destrucción ambiental y la apropiación de territorios y recursos estratégicos.
Esta fue precisamente una de las principales conclusiones alcanzadas en los primeros Foros Mesoamericanos contra Represas, realizados en Guatemala en 2002 y Honduras en 2003. En estos espacios, organizaciones de toda la región expresaron su solidaridad con las personas y comunidades que han sufrido persecución, amenazas y violaciones a los derechos humanos por oponerse a la construcción de represas hidroeléctricas.