Por Mauricio Álvarez Mora.
Hay momentos en que una comunidad deja de pedir respuestas y empieza simplemente a exigir que le digan la verdad. Eso parece estar ocurriendo en Cipreses, donde miles de personas viven desde hace meses entre rumores, estudios engavetados y silencios institucionales alrededor de una pregunta profundamente inquietante: ¿el agua que llega a sus casas está contaminada?
La gravedad de esta situación no radica únicamente en la posible presencia de moléculas derivadas del fungicida clorotalonil en las nacientes que abastecen a cerca de 5000 personas. Lo verdaderamente alarmante es que, aun existiendo análisis técnicos, alertas académicas y discusiones institucionales sobre el tema, las comunidades continúan sin recibir información clara, transparente y oportuna sobre la calidad del agua que consumen diariamente.


