Por Mauricio Álvarez Mora.
Durante años, los proyectos hidroeléctricos han sido presentados en Costa Rica como ejemplos de progreso, desarrollo sostenible y energía limpia. En los discursos oficiales, las represas aparecen asociadas al bienestar nacional, a la modernización de las regiones rurales y a la protección del ambiente frente a otras fuentes de generación eléctrica. Sin embargo, cuando se recorren las comunidades donde estas obras se construyen, surgen preguntas incómodas que rara vez aparecen en los folletos publicitarios o en los informes institucionales.
