Por Mauricio Álvarez Mora.
Hay momentos en que el arte deja de ser solo expresión y se convierte en advertencia. Eso es lo que ocurre en el auditorio de la Universidad de Costa Rica, lleno a su máxima capacidad, durante la presentación del videoclip Tractorcito de Frontera del cantautor alajuelense Wilson Arroyo. No es únicamente un evento cultural. Es, más bien, un acto colectivo de denuncia, una forma de decir en voz alta lo que durante años muchas comunidades vienen señalando casi en soledad.

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