Por Mauricio Álvarez Mora.
En el marco del Día de la Tierra, abrimos un
espacio en el Programa
Voces y Política en Radio Universidad para nombrar, para mirar de frente y
para reconocer la lucha persistente de quienes defienden los territorios
indígenas frente a amenazas múltiples, profundas y constantes, amenazas que no
solo ponen en riesgo la tierra, sino también la vida misma.
En Costa Rica, la impunidad sigue siendo una de las heridas más abiertas cuando hablamos de la violencia contra las personas defensoras del ambiente y de los territorios. No son hechos aislados ni episodios lejanos entre sí. Es un patrón que se repite con dolorosa insistencia, como un eco que no se apaga.
Ahí están los nombres que duelen y que no deben
olvidarse: Sergio Rojas y Yehry Rivera. Está también el ataque ocurrido en 2022
contra el dirigente indígena cabécar Leonel García, en Bajo Chirripó, un hecho
que resuena como un intento de silenciar la vida misma. Y están, igualmente,
las amenazas, las agresiones, las sombras que han perseguido a más de una
veintena de líderes y lideresas indígenas del sur del país entre 2020 y 2026.
Esta cadena de impunidad no solo deja casos
sin justicia. Va sembrando miedo, pero también algo aún más inquietante: la
normalización de la violencia. Se instala un clima donde agredir parece
posible, donde callar parece conveniente, donde la vida de quienes defienden la
tierra se vuelve frágil ante la indiferencia. Y este contexto se vuelve más
áspero cuando, desde el propio discurso político, se tensan o se desacreditan
los pilares del sistema judicial.
Sin embargo, incluso en medio de este
panorama, han brotado respuestas que buscan memoria, dignidad y acción. Una de
ellas nace desde la Universidad de Costa Rica, donde se aprobó el acuerdo CU-19-2024,
que declara cada 7 de diciembre como un día institucional para recordar a las
personas asesinadas por defender el derecho a un ambiente sano.
La fecha no es casual. Guarda la memoria de
Óscar Fallas, Jaime Bustamante y María del Mar Cordero, asesinados en 1994
mientras defendían el Golfo Dulce frente a intereses industriales. Sus nombres
no son solo recuerdo, son raíz, son advertencia, son semilla.
Como ha señalado la propia Universidad, aunque
Costa Rica sea reconocida internacionalmente por su imagen ambiental, en sus
territorios persiste otra realidad: las personas defensoras continúan
enfrentando amenazas, persecución, estigmatización, violencia… e incluso la
muerte. Hay una distancia dolorosa entre la imagen que se proyecta y las vidas
que se arriesgan.
En 2024, la Universidad dio un paso más al
colocar placas
conmemorativas en honor a doce personas defensoras del territorio. Hoy, un
jardín de la memoria florece en la explanada cercana a la Biblioteca Carlos
Monge. No es solo un espacio físico. Es un lugar donde el recuerdo respira,
donde la ausencia se convierte en presencia y donde se nos recuerda, de forma
permanente, el costo de defender la vida.
En 2025, esta conmemoración se expandió,
abrazando también a lideresas, líderes
comunitarios y organizaciones que continúan resistiendo en distintos
territorios del país. Desde Playa Pelada hasta la Fila Costeña, desde Térraba
hasta el Caribe Norte, la defensa de la tierra sigue latiendo en múltiples
voces.
Ese mismo año, el 22
de abril, en el marco del Día de la Tierra, diversas organizaciones se
unieron para reconocer a quienes sostienen la vida en condiciones muchas veces
extremas. La Universidad Bíblica Latinoamericana, FECON, CoecoCeiba, la
Embajada del Estado Plurinacional de Bolivia y la Universidad de Costa Rica
tejieron juntas este acto de reconocimiento, como quien enciende luces en medio
de la incertidumbre.
Se honraron luchas del Caribe Sur, del Refugio
Gandoca-Manzanillo, de Osa, de quienes defienden el agua y los humedales. Se
reconoció también la fuerza de los pueblos indígenas Brörán, Bribri y Cabécar,
que sostienen procesos de autonomía y recuperación territorial, afirmando su
vínculo profundo con la tierra, ese vínculo que no se compra ni se negocia.
Hoy, en medio de estas reflexiones y de estas
luchas, en este día dedicado a honrar la tierra, compartimos un programa
especial en el que nos acompañan dos voces que encarnan esta defensa: Pablo
Sibar Sibar, del pueblo Brörán de Térraba, y Doris Ríos Ríos, del pueblo
Cabécar de China Kichá.
A lo
largo del programa, conversamos sobre la defensa de los territorios, sobre los
riesgos que enfrentan las comunidades y sobre la urgencia de reconocer, no solo
desde lo simbólico, sino desde acciones concretas, a quienes día a día
sostienen la vida. Porque defender la tierra no es un gesto abstracto. Es un
acto cotidiano, valiente y profundamente humano.

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