miércoles, 18 de febrero de 2026

¿Está preparado el Estado para trabajar con los pueblos indígenas? Reflexiones desde y con China Kichá


Por Mauricio Álvarez Mora.

En Costa Rica suele evaluarse la presencia del Estado en los territorios indígenas a partir del número de instituciones, proyectos o programas que llegan a las comunidades. Sin embargo, esa medición resulta insuficiente. La pregunta de fondo no es cuántas instituciones están presentes, sino si esa presencia contribuye efectivamente al ejercicio de los derechos colectivos de los pueblos indígenas o si continúa reproduciendo prácticas construidas desde una visión homogénea del Estado, poco sensible a la historia, la cultura y las formas propias de organización de estos pueblos.

Esta reflexión se motivó un programa de Voces y Política dedicado a conversar sobre la investigación Expresiones de la institucionalidad social en el territorio indígena cabécar de China Kichá, Trabajo Final de Graduación de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad de Costa Rica elaborado por María Fernanda Hernández Valverde, Kembly Dayana Ulate Rojas, Abigail Lacayo Zúñiga y Evelyn Loaiza Romero. La investigación analiza la relación entre distintas instituciones públicas y el territorio de China Kichá durante el período 2018-2023, precisamente cuando el proceso de recuperación territorial transformó de manera profunda la dinámica entre la comunidad y el Estado.

Tuve la oportunidad de participar como lector de este trabajo final de graduación. Las reflexiones que comparto a continuación no constituyen conclusiones de las autoras, sino observaciones surgidas de su lectura y del acompañamiento que, desde hace varios años, hemos realizado desde el Programa Kioscos Socioambientales junto con la comunidad de China Kichá.

China Kichá: una historia de despojo y borramiento

Para comprender la relación actual entre el Estado y China Kichá es necesario conocer su historia.

China Kichá se ubica en el distrito de Pejibaye, cantón de Pérez Zeledón. Se trata de un territorio indígena cabécar cuya relación con el Estado costarricense ha estado marcada por el despojo territorial, el abandono institucional y diversas formas de violencia.

El territorio fue reconocido oficialmente por primera vez mediante el Decreto Ejecutivo N.° 34 de 1957, con una extensión aproximada de 4.230 hectáreas. Sin embargo, en 1982 ese reconocimiento fue derogado mediante el Decreto Ejecutivo N.° 13.570. Esta decisión provocó el desplazamiento de la mayor parte de las familias cabécares y la ocupación progresiva de las tierras por personas no indígenas.

No se trató únicamente de la pérdida de tierras. Se produjo un proceso de borramiento institucional del territorio. Durante casi dos décadas, China Kichá desapareció de los mapas oficiales como territorio indígena. Ese borramiento tuvo consecuencias concretas: debilitó la presencia institucional, invisibilizó las demandas de la comunidad y profundizó la exclusión histórica que ya enfrentaba el pueblo cabécar.

No obstante, el territorio nunca desapareció para quienes continuaron habitándolo. Algunas familias permanecieron en una pequeña porción de tierra, conservando la memoria colectiva, la relación espiritual con el territorio y la continuidad cultural del pueblo. Como explican las propias familias cabécares, permaneció el Ditso, la semilla que permitió mantener viva la existencia del territorio aun cuando el Estado había dejado de reconocerlo.

A finales de la década de 1990 comenzó un proceso de reorganización comunitaria que culminó con un nuevo reconocimiento oficial en el año 2001 mediante el Decreto Ejecutivo N.° 29.447-G. Sin embargo, el territorio reconocido fue de apenas 1.101 hectáreas, poco más de una cuarta parte de la extensión reconocida en 1957.

La reducción territorial no constituye únicamente una modificación cartográfica. Representa una expresión histórica del colonialismo interno mediante el cual el Estado robó administrativamente territorios ancestrales mucho más amplios, reduciendo progresivamente el espacio donde los pueblos indígenas podían ejercer sus derechos colectivos.

La situación continuó deteriorándose. Para 2014 las familias cabécares ocupaban únicamente 33 hectáreas; es decir, el 97 % del territorio legalmente reconocido permanecía en manos no indígenas, dedicado principalmente a la ganadería extensiva, con importantes procesos de degradación ambiental y pérdida de cobertura forestal.

Frente a la ausencia de acciones estatales para garantizar la restitución territorial establecida por la propia legislación costarricense, la comunidad inició procesos de recuperación territorial a partir del año 2018. Estas recuperaciones adquirieron un nuevo impulso tras el asesinato del líder bribri Sergio Rojas Ortiz, convirtiéndose en un referente para otros procesos territoriales de la Zona Sur.

Hoy China Kichá ha recuperado la totalidad del territorio legalmente reconocido. Ese resultado constituye uno de los procesos de recuperación territorial más significativos desarrollados por un pueblo indígena en Costa Rica durante las últimas décadas.

El territorio ancestral y el territorio legal

Uno de los aspectos que consideré importante destacar durante la lectura de la investigación fue la necesidad de diferenciar claramente el territorio ancestral del territorio legalmente reconocido.

Los territorios indígenas no nacen con los decretos del Estado costarricense. Son espacios históricos construidos durante siglos mediante relaciones culturales, políticas, económicas y espirituales que anteceden ampliamente la conformación del Estado nacional.

Por ello, cuando el análisis institucional se limita al territorio definido administrativamente por un decreto, corre el riesgo de perder de vista la profundidad histórica de los procesos de ocupación, despojo y resistencia que caracterizan a los pueblos indígenas.

Comprender esta diferencia permite interpretar las recuperaciones territoriales no únicamente como conflictos por la propiedad de la tierra, sino como procesos orientados a restituir derechos territoriales históricamente vulnerados.

Participación comunitaria e institucionalidad

Uno de los hallazgos de la investigación recoge la percepción de diversas instituciones públicas sobre las dificultades para desarrollar procesos participativos dentro del territorio.

Durante la lectura me llamó la atención que algunas personas funcionarias atribuyeran estas dificultades a una supuesta falta de participación comunitaria o a la existencia de divisiones internas. Considero que esta explicación resulta insuficiente.

China Kichá es una comunidad pequeña. Participar en reuniones institucionales implica dejar de atender actividades agrícolas, el cuido de animales, la vigilancia del territorio recuperado o las responsabilidades familiares. Cada reunión representa costos económicos y organizativos que pocas veces son considerados por las instituciones públicas.

Más que preguntarse por qué las comunidades no participan, convendría preguntarse si las instituciones han diseñado metodologías acordes con las condiciones reales de los territorios indígenas.

La consulta previa, libre e informada no puede reducirse a convocatorias generales o reuniones esporádicas. Requiere comprender las formas propias de organización comunitaria, reconocer las autoridades tradicionales y adaptar los mecanismos institucionales a las particularidades culturales de cada pueblo indígena.

La diversidad comunitaria no puede interpretarse como un problema

Otra reflexión surgida durante la lectura tiene relación con la frecuente utilización del argumento de la "división comunitaria".

Existe una tendencia institucional a esperar que los pueblos indígenas actúen como comunidades completamente homogéneas. Sin embargo, esa expectativa no se aplica a ninguna otra colectividad social.

Las diferencias políticas, familiares, generacionales o ideológicas existen en cualquier comunidad. Interpretarlas automáticamente como un obstáculo para la acción institucional puede conducir a diagnósticos equivocados y, en algunos casos, a la deslegitimación de las propias demandas territoriales.

Reconocer la diversidad interna constituye una condición necesaria para construir procesos participativos democráticos y respetuosos de la autonomía indígena.

El racismo institucional como problema estructural

Uno de los aportes más relevantes de la investigación consiste en incorporar el concepto de racismo institucional para analizar la actuación del Estado.

El racismo institucional no se expresa únicamente mediante actos abiertos de discriminación. También puede manifestarse cuando las instituciones diseñan políticas sin considerar las particularidades culturales de los pueblos indígenas, cuando aplican metodologías homogéneas a contextos profundamente distintos o cuando interpretan las dinámicas comunitarias a partir de estereotipos.

Nombrar este problema resulta importante porque permite desplazar la discusión desde las responsabilidades individuales hacia las formas en que históricamente se han construido las instituciones públicas y sus modelos de intervención.

Construir una institucionalidad no racista exige revisar procedimientos administrativos, criterios técnicos, formas de participación y mecanismos de coordinación que, en muchos casos, continúan respondiendo a una lógica centralista y homogénea.

La fragmentación del Estado

La investigación también evidencia un problema estructural de la institucionalidad costarricense: su fragmentación.

Las distintas instituciones trabajan con delimitaciones territoriales diferentes, responden a prioridades particulares y utilizan mecanismos de planificación que pocas veces dialogan entre sí.

Como resultado, las comunidades deben relacionarse simultáneamente con múltiples instituciones cuyos diagnósticos, agendas y formas de intervención no siempre coinciden.

Más que incrementar el número de proyectos o programas, uno de los principales desafíos consiste en construir una acción social pública articulada, capaz de comprender la especificidad de los territorios indígenas y de coordinar respuestas integrales.

Más allá de la recuperación territorial

El proceso desarrollado por China Kichá no concluye con la recuperación jurídica del territorio.

Actualmente la comunidad impulsa procesos de restauración de nacientes, recuperación de bosques, fortalecimiento de la agroecología, protección de la fauna silvestre, recuperación de semillas criollas, fortalecimiento de la soberanía alimentaria y revitalización cultural a partir del acceso nuevamente a sitios de importancia ancestral.

Desde hace varios años, el Programa Kioscos Socioambientales de la Universidad de Costa Rica ha acompañado parte de estos procesos mediante proyectos de acción social, espacios de formación, programas de radio y visitas  que han permitido acercar la universidad pública a las dinámicas territoriales de China Kichá y de otros territorios indígenas de la Zona Sur.

Estas experiencias muestran que la relación entre universidad, comunidad e instituciones públicas puede construirse desde el diálogo y el reconocimiento mutuo, siempre que se respeten la autonomía y las prioridades definidas por las propias comunidades.

Reflexiones finales

La investigación elaborada por María Fernanda Hernández Valverde, Kembly Dayana Ulate Rojas, Abigail Lacayo Zúñiga y Evelyn Loaiza Romero constituye un importante aporte para comprender la relación entre la institucionalidad pública y el territorio indígena de China Kichá.

Al mismo tiempo, abre preguntas que trascienden este caso específico. ¿Qué transformaciones requiere el Estado costarricense para relacionarse de manera efectiva con los pueblos indígenas? ¿Cómo avanzar hacia una institucionalidad que incorpore la diversidad cultural como un principio transversal y no como una excepción? ¿Qué implica reconocer plenamente los derechos territoriales y la autonomía de los pueblos indígenas en la acción cotidiana de las instituciones públicas?

Estas preguntas fueron parte de la conversación que sostuvimos en Voces y Política. Invito a escuchar el programa completo porque, más allá de presentar una investigación académica, constituye una oportunidad para reflexionar sobre los desafíos que enfrenta Costa Rica para construir una institucionalidad pública que reconozca la diversidad cultural del país y contribuya a saldar la deuda histórica que el Estado mantiene con los pueblos indígenas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Térraba-Sierpe: constelaciones para una arqueología del futuro*

Mauricio Álvarez Mora, ecologista y docente UCR-UNA Con el tiempo entendimos que defender el humedal no era solamente defender un pedazo de ...