Por Mauricio Álvarez Mora.
El proyecto de construir un aeropuerto internacional en Osa ha vuelto a ponerse sobre la mesa. Aunque parecía archivado tras años de cuestionamientos ambientales, sociales y culturales, la actual administración de Rodrigo Chaves Robles ha reactivado la discusión sobre una iniciativa que arrastra polémica desde el año 2010, durante el gobierno de Óscar Arias Sánchez.
La propuesta contempla la construcción de un aeropuerto en las comunidades de Finca 8, Finca 9, Finca 10 y Finca 11, en Palmar Sur de Osa, una zona de enorme fragilidad ecológica y riqueza arqueológica. El proyecto se ubicaría cerca del Humedal Nacional Térraba-Sierpe, el humedal más grande de Costa Rica y sitio Ramsar de importancia internacional, así como de Finca 6, lugar donde se encuentran las reconocidas esferas de piedra precolombinas declaradas patrimonio mundial por la UNESCO.
Aunque inicialmente se hablaba de intervenir varias fincas, posteriormente se indicó que la afectación directa recaería principalmente sobre las Fincas 9 y 10. Sin embargo, detrás de esa aparente reducción del impacto se invisibiliza una realidad fundamental: estas tierras no son espacios vacíos ni baldíos. Son territorios habitados por comunidades campesinas que podrían enfrentar desalojos, desplazamientos y pérdida de sus medios de vida.
Las familias de la zona denuncian incertidumbre y abandono institucional. A pesar de que el Gobierno anunció la reactivación del proyecto durante una gira presidencial realizada en febrero, las personas habitantes aseguran que continúan sin recibir información clara ni apoyo económico. Mientras tanto, las tierras siguen siendo arrendadas por el INDER y cualquier gestión administrativa o trámite solicitado por las comunidades parece quedar en el limbo burocrático.
La preocupación no es menor. Para muchas familias, la tierra representa no solo su hogar, sino también su principal fuente de ingresos y sustento. La posibilidad de perderla, sumada a la falta de acompañamiento estatal, genera un clima de inseguridad y angustia.
Las críticas hacia el megaproyecto también provienen de sectores académicos y científicos. La Universidad de Costa Rica ha señalado numerosas observaciones al estudio de impacto ambiental y socioeconómico elaborado para sustentar la iniciativa. Especialistas advierten que la promoción oficial del aeropuerto ha omitido deliberadamente mencionar aspectos clave, como la cercanía con el Humedal Térraba-Sierpe y la presencia de sitios arqueológicos de valor excepcional.
Durante un reciente debate realizado en el programa Voces y Política de Radio Universidad participaron voces expertas que alertaron sobre las múltiples consecuencias del proyecto. Entre ellas estuvo Patricia Fumero Vargas, exdirectora del Museo Nacional y ex presidenta de ICOMOS Costa Rica, así como el investigador Jorge Lobo, de la Escuela de Biología de la UCR, además de habitantes de las comunidades afectadas.
Desde la perspectiva arqueológica, se advirtió que el aeropuerto impactaría directamente sitios de enorme relevancia histórica como Batambal, Grijalba y El Silencio, además de transformar profundamente el entorno de Finca 6. Las personas especialistas cuestionaron que se pretenda reducir estos territorios a simples terrenos disponibles para el desarrollo, ignorando siglos de memoria histórica y patrimonio cultural.
En el plano ecológico, la principal preocupación es que Osa termine replicando el modelo de megaturismo que ya transformó profundamente zonas de Guanacaste. La construcción de un aeropuerto internacional podría abrir la puerta a desarrollos inmobiliarios masivos, presión sobre los ecosistemas y un incremento en la explotación turística de una de las regiones más biodiversas del país.
El impacto sobre la fauna sería significativo, especialmente para las aves migratorias que dependen del humedal. Además, la zona seleccionada forma parte del área de inundación de los ríos Sierpe y Grande de Térraba, territorios históricamente afectados por eventos hidrometeorológicos extremos, los cuales se intensifican cada año debido a la crisis climática.
Frente a este escenario, distintos sectores plantean alternativas más sostenibles y razonables para mejorar la conectividad de la región. Entre ellas destacan la ampliación de la Costanera Sur, el mejoramiento de las carreteras existentes y el fortalecimiento de aeródromos ya operativos como los de Palmar Sur, Golfito y Puerto Jiménez.
Estas opciones permitirían fortalecer la movilidad y el turismo sin poner en riesgo ecosistemas estratégicos, patrimonio arqueológico invaluable ni comunidades enteras. El debate sobre el aeropuerto internacional en Osa no es únicamente una discusión sobre infraestructura: es una decisión sobre el modelo de desarrollo que se quiere imponer en una de las zonas ambiental y culturalmente más importantes de Costa Rica.

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