Por Mauricio Álvarez Mora.
Hay reconocimientos que llegan como un acto protocolario. Y hay otros que parecen un pequeño gesto de justicia histórica. El homenaje realizado por el Concejo Municipal de Pérez Zeledón a Doris Ríos pertenece a esta segunda categoría.
Porque reconocer a Doris no es solamente destacar a una lideresa indígena. Es reconocer una lucha sembrada con dolor, amenazas, memoria y esperanza. Es mirar de frente una historia que durante décadas Costa Rica quiso ignorar: la del despojo de los territorios indígenas y la resistencia silenciosa de quienes nunca dejaron de defender la tierra.
Doris Ríos Ríos, del clan Julabulüwak, nació y
creció en el territorio cabécar de China Kichá. Ahí aprendió que la tierra no
es mercancía ni propiedad privada: es raíz, alimento, espiritualidad y futuro.
También aprendió que defenderla podía costar caro.
Madre de cinco hijos, dos mujeres y tres
hombres, Doris ha dedicado su vida a sostener a su pueblo en medio de la
violencia, el abandono estatal y las amenazas constantes. Mucho antes de las
recuperaciones territoriales, ya defendía la cultura cabécar, acompañaba
procesos comunitarios y levantaba la voz por las mujeres indígenas y por el
derecho a existir dignamente en su propio territorio.
Pero la historia de China Kichá estaba herida.
Para el año 2017, el pueblo cabécar apenas poseía el 1% de su territorio
ancestral. El otro 99% estaba acaparado por grandes finqueros que transformaron
el bosque en potreros, agotaron la tierra con ganadería extensiva y dejaron
tras de sí suelos secos, hambre y destrucción. El territorio indígena existía
legalmente en los papeles, pero en la realidad estaba ocupado y despojado.
Entonces comenzaron las recuperaciones. Y
después vino el dolor más profundo.
El asesinato del líder bribri Sergio Rojas, en
marzo de 2019, marcó un antes y un después para los pueblos indígenas del sur
del país. La muerte de Sergio no logró detener las luchas; por el contrario,
sembró fuerza en los territorios. Doris lo expresó alguna vez con una frase que
hoy resuena como memoria y profecía:
“Las recuperaciones en China Kichá son la
semilla de Sergio Rojas que cayó aquí, en una tierra que necesitaba florecer”.Y
floreció.
Lo que parecía imposible ocurrió. Poco a poco,
mediante procesos de recuperación territorial impulsados por las propias
comunidades indígenas, el pueblo cabécar volvió a caminar su territorio.
Regresaron las familias, volvió la siembra, volvió el bosque. Donde antes había
cercas y potreros, comenzó nuevamente a respirarse dignidad.
Hoy, gracias a esa lucha colectiva, el pueblo
cabécar de China Kichá ha recuperado el 100% de su territorio.
Pero ese camino no ha sido pacífico. Doris y
su familia han vivido amenazas de muerte, hostigamientos y campañas de odio por
defender algo tan básico como el derecho de un pueblo a vivir en su propia
tierra. Aun así, nunca dejó de hablar, denunciar y organizar.
Mientras sostiene su vida comunitaria, también
trabaja como investigadora comunitaria en la Universidad Estatal a Distancia,
dentro del proyecto Pueblos Originarios y Universidades de CONARE. Desde ahí
continúa tejiendo puentes entre saberes indígenas y universidades públicas,
demostrando que la defensa territorial también es producción de conocimiento,
memoria y pensamiento crítico.
Los reconocimientos internacionales llegaron
después. En 2022, la Universidad de Costa Rica la homenajeó durante el Día
Mundial de la Tierra. Y en marzo de 2023 recibió el Premio Internacional
Mujeres Valientes otorgado por el Departamento de Estado de Estados Unidos, de
manos del Secretario de Estado y la primera dama.
Sin embargo, quizás el gesto más simbólico
ocurrió ahora, en el ámbito local.
Porque durante años muchas instituciones
públicas dieron la espalda a los pueblos indígenas. La memoria todavía guarda
una herida dolorosa: en 2012, la Municipalidad de Buenos Aires declaró “non
grato” a Sergio Rojas, años antes de su asesinato. Por eso el reconocimiento
del Concejo Municipal de Pérez Zeledón adquiere una fuerza distinta.
Representa, aunque sea parcialmente, un cambio de mirada. Un acto que reconoce
que las recuperaciones territoriales no son un delito ni una amenaza: son un
derecho histórico.
Y quizás también sea una forma de decir que el
país empieza lentamente a entender algo que los pueblos indígenas han sabido
desde siempre: que quienes defienden la tierra no están luchando solo por ellos
mismos, sino por la posibilidad de futuro para todas las personas.
Doris Ríos no solo recuperó territorio. Ayudó
a recuperar memoria, dignidad y esperanza.
Como las semillas que resisten bajo la tierra
seca esperando la lluvia, su lucha demuestra que incluso después del despojo,
la vida puede volver a florecer.

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