Por Mauricio Álvarez Mora.
El documental, que se estrenará el próximo 14 de abril en la Universidad Estatal a Distancia, reconstruye la vida de un hombre que ha dedicado más de siete décadas a convivir con el bosque y a defenderlo. Alcides llegó siendo un niño a Pavoncito de Sierpe, en medio del Humedal Térraba Sierpe, sitio Ramsar reconocido internacionalmente por su importancia ecológica. Desde entonces, su vida ha transcurrido entre montañas, ríos y árboles gigantes, pero también entre amenazas de muerte, atentados y persecución.
La historia de Alcides Parajeles no es solamente la de un defensor ambiental aislado. Es también la historia de las contradicciones de Costa Rica. Mientras el país construía una imagen internacional de sostenibilidad y turismo ecológico, muchas regiones periféricas quedaron expuestas a la extracción ilegal de madera, la cacería furtiva y el avance de economías ilegales vinculadas al saqueo de la naturaleza. En esos territorios alejados, defender el bosque ha significado enfrentarse directamente a grupos organizados y asumir riesgos que pocas personas están dispuestas a enfrentar.
Las amenazas contra Alcides comenzaron hace décadas, especialmente después de que su voz se hiciera visible en el documental “Osa: la última frontera”, realizado también por la UNED en el año 2000. Desde entonces denunció públicamente la destrucción forestal provocada por los llamados “planes de manejo”, mecanismos que permitieron durante años la explotación comercial de bosque primario bajo una supuesta legalidad ambiental.
Su denuncia permanente contra madereros y cazadores ilegales le ha costado caro. En 2011 recibió disparos dentro de su propiedad. Años después continuó denunciando redes de cacería ilegal y tráfico de vida silvestre en la región del Golfo Dulce. Incluso recientemente volvió a alertar sobre amenazas relacionadas con tala ilegal dentro de la Reserva Forestal Golfo Dulce. A sus 77 años, continúa realizando denuncias y recorriendo el bosque.
La figura de Alcides resulta profundamente simbólica en un momento donde los conflictos socioambientales aumentan en distintas regiones del país. Su historia recuerda que la conservación no ha sido producto únicamente de políticas públicas o campañas institucionales, sino también del esfuerzo cotidiano de campesinos, indígenas, pescadores y comunidades enteras que han resistido procesos de destrucción ambiental muchas veces en condiciones de abandono.
El nombre del documental no es casual. “Hijo del bosque, defensor de gigantes” intenta retratar esa relación profunda entre Alcides y la naturaleza. Según explica la directora Sonia Mayela Rodríguez, no se trata de una metáfora romántica. Él literalmente creció en el bosque, aprendió a convivir con él y entiende la defensa ambiental como parte de su propia existencia. Esa conexión, cada vez más extraña en una sociedad dominada por la lógica del mercado y el extractivismo, es quizás una de las dimensiones más poderosas de esta historia.
También resulta importante que una universidad pública como la UNED impulse este tipo de producciones audiovisuales. En tiempos donde muchas luchas ambientales son invisibilizadas o reducidas a simples obstáculos para el “desarrollo”, rescatar estas memorias permite comprender que detrás de cada bosque protegido existe una historia de conflicto, resistencia y defensa territorial.
La vida de Alcides Parajeles también obliga a hacerse preguntas incómodas. ¿Cuántas personas más viven amenazadas por defender ríos, montañas o humedales en Costa Rica? ¿Cuánto depende realmente la conservación del sacrificio individual de personas abandonadas por el Estado? ¿Y cuánto tiempo puede sostenerse esa defensa en territorios donde avanzan actividades ilegales y economías extractivas?
Mientras gran parte del país desconoce estas historias, hombres como Alcides continúan defendiendo los últimos gigantes del bosque. No desde oficinas ni campañas publicitarias, sino caminando senderos, denunciando delitos ambientales y resistiendo amenazas en silencio. Su historia no solo merece un documental. Merece también ser entendida como parte fundamental de la memoria ambiental y social de Costa Rica.

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