Por Mauricio Álvarez Mora.
En China Kichá, territorio cabécar ubicado en Pérez Zeledón, la memoria no es solo recuerdo: es camino, es raíz, es futuro. Desde la Comisión Cultural Cabécar de la comunidad, se abre una invitación que es también un gesto profundo de afirmación: el Festival Cultural Cabécar China Kichá, un espacio para celebrar las recuperaciones de tierra y compartir las vivencias de lucha con otros pueblos y con quienes deseen acercarse a escuchar, aprender y acompañar.
El encuentro se realizará el 28 de noviembre a partir de las nueve de la mañana, en una jornada que promete ser tanto festiva como significativa. Habrá juegos tradicionales que evocan la relación viva con el territorio, como la picada de leña, la pesca, la jalada de tuca y la competencia de la chicha. También se desarrollarán talleres sobre cosmovisión, cultura y medicina tradicional, junto con exposiciones de artesanías y comidas que cuentan historias a través de sus formas, sabores y materiales.
Pero este festival no nace únicamente del deseo de celebrar. Nace también de una historia reciente de lucha, de decisiones colectivas tomadas frente al abandono y la postergación. Las recuperaciones de tierra en China Kichá son parte de un proceso en el que las personas indígenas han defendido sus derechos, su cultura y su territorio ante el incumplimiento sostenido de la Ley Indígena y de los compromisos estatales.
Según relatan representantes de la comunidad, estas recuperaciones comenzaron en 2018, impulsadas por la falta de avances del Plan de Recuperación de Tierras Indígenas, que desde 2016 tenía plazos establecidos que nunca se cumplieron. Frente a esa inacción, la comunidad decidió actuar.
En mayo de 2019, dieciséis familias dieron un paso que marcaría un antes y un después: recuperaron una propiedad de 250 hectáreas y la nombraron Kono Jú, “casa de tepezcuintles”. No fue solo una toma de tierra. Fue una forma de volver a habitar el territorio desde la dignidad.
Las palabras de quienes viven este proceso son tan claras como contundentes. “Éramos extranjeros en nuestro propio territorio”, recuerdan. Durante años, incluso sembrar implicaba una paradoja dolorosa: tener que alquilar la propia tierra para cultivar maíz o yuca. “En dos años hicimos lo que el Estado no ha hecho en cuarenta”, dicen, en referencia a la deuda histórica con la Ley Indígena de 1977.
Los datos reflejan la magnitud de esa deuda. Un estudio del Forest People Programme señalaba que, de las 1.100 hectáreas que conforman el territorio, el 97% estaba en manos de personas no indígenas, dejando a la población cabécar con apenas 33 hectáreas. Sin embargo, desde la propia comunidad se afirma que la realidad fue aún más dura: prácticamente todo el territorio había sido despojado, quedando únicamente los espacios donde se concentraban las viviendas.
A pesar de ello, el proceso de recuperación ha ido transformando el mapa y la historia. Hasta el momento, se han realizado cinco recuperaciones que han permitido retomar más de 600 hectáreas. Aún quedan cerca de 400 hectáreas por recuperar, pero el camino ya no es el mismo. Hay organización, hay memoria y hay futuro.
En este contexto, el Festival Cultural Cabécar China Kichá se convierte en algo más que un evento. Es un acto de memoria colectiva, una celebración del renacer del territorio y una forma de compartir con otros pueblos indígenas y con la sociedad en general lo que significa resistir, reconstruir y volver a florecer.
Quienes lleguen ese día no solo encontrarán actividades culturales. Encontrarán un territorio que se está reescribiendo a sí mismo. Encontrarán historias que no siempre han sido escuchadas. Y, sobre todo, encontrarán la certeza de que la tierra, cuando vuelve a sus manos, también vuelve a latir.

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