Por Mauricio Álvarez Mora.
Refinerías, oleoductos y terminales petroleras impulsan una estrategia que genera crecientes cuestionamientos ambientales
Panamá ha decidido apostar por el petróleo. Desde la aprobación de la Política Nacional de Hidrocarburos y Energías Alternativas en 2005, el gobierno panameño impulsa una estrategia orientada a convertir al país en un "hub energético" para América Latina, aprovechando su posición geográfica y su infraestructura logística para transformarse en un centro de almacenamiento, procesamiento y distribución de hidrocarburos.
La propuesta ha despertado entusiasmo entre inversionistas nacionales y extranjeros. Sin embargo, organizaciones ambientalistas y comunidades locales advierten que el país ya enfrenta importantes impactos asociados a la actividad petrolera y que la expansión de esta industria podría agravar problemas ambientales y sociales existentes.
Un modelo construido sobre impactos acumulados
Los antecedentes no son alentadores.A inicios de 2007 un derrame de petróleo en la Laguna de Chiriquí Grande provocó graves daños sobre ecosistemas marinos y comunidades costeras. El incidente involucró operaciones de la empresa Petroterminal de Panamá (PTP), responsable del transporte de crudo entre el Atlántico y el Pacífico a través de un oleoducto transístmico.
Según denuncias de organizaciones ambientalistas, los efectos del derrame se suman a una larga historia de contaminación asociada al transporte y almacenamiento de hidrocarburos en el país.
Otro de los focos de conflicto se localiza en Isla Taboguilla, donde las operaciones de almacenamiento de combustibles han sido cuestionadas por habitantes de Taboga debido a denuncias de vertidos de hidrocarburos y deterioro de ecosistemas costeros.
A ello se agregan los impactos acumulados por décadas de tránsito marítimo de combustibles a través del Canal de Panamá y sus áreas de influencia. Diversos informes han documentado centenares de derrames y vertidos que han afectado ecosistemas costeros tanto en el Caribe como en el Pacífico panameño.
Pese a ello, la estrategia gubernamental no contempla una reducción de estas actividades. Por el contrario, incluye nuevas iniciativas de exploración petrolera en el golfo de Darién, frente a las costas de Colón y Kuna Yala, así como proyectos de infraestructura vinculados al transporte regional de hidrocarburos.
De cerrar una refinería a proyectar cuatro
La apuesta resulta paradójica. En 2002 Panamá cerró la Refinería Panamá bajo el argumento de que no era económicamente rentable. Cinco años después, el país analiza simultáneamente la construcción de hasta cuatro grandes proyectos de refinación, además de terminales de almacenamiento, oleoductos y complejos petroquímicos.
Empresas provenientes de Estados Unidos, Europa, Colombia, Singapur, Venezuela, Qatar y Brasil han mostrado interés en participar en distintas iniciativas energéticas impulsadas en territorio panameño.
En conjunto, las inversiones propuestas superan los 30 mil millones de dólares, una cifra sin precedentes para el sector energético del país.
Charco Azul: la primera gran apuesta
Uno de los proyectos más avanzados es la construcción de una refinería en la bahía de Charco Azul, en Puerto Armuelles, provincia de Chiriquí, a pocos kilómetros de la frontera con Costa Rica.
La iniciativa es promovida por la petrolera estadounidense Occidental Petroleum Corporation (Oxy) en asociación con Qatar Petroleum.
La inversión prevista ronda los 8.500 millones de dólares y la planta tendría capacidad para procesar aproximadamente 350.000 barriles diarios de petróleo.
El proyecto aprovecharía las ventajas logísticas de la zona, incluyendo acceso marítimo y conexión con infraestructura existente para el transporte de hidrocarburos.
Sin embargo, organizaciones ambientales y comunidades locales han expresado preocupación por los posibles impactos sobre el Golfo de Chiriquí, una de las áreas marinas más importantes del Pacífico centroamericano.
Visitas realizadas por grupos ambientalistas a la región han señalado que ya existen evidencias de deterioro ambiental relacionadas con actividades petroleras, incluyendo afectaciones sobre arrecifes coralinos y zonas de pesca artesanal.
El megaproyecto interoceánico
La segunda gran iniciativa contempla la construcción de un complejo energético que conectaría el Caribe y el Pacífico mediante un oleoducto de 95 kilómetros de longitud.
El proyecto incluye una refinería con capacidad para procesar 250.000 barriles diarios, una planta petroquímica, instalaciones de almacenamiento de hidrocarburos, infraestructura para gas natural y terminales portuarias en ambos océanos.
Las empresas promotoras sostienen que la instalación permitirá abastecer mercados internacionales y fortalecer el papel estratégico de Panamá en el comercio energético mundial.
No obstante, el proyecto ha generado una fuerte oposición debido a sus posibles impactos ambientales.
Diversos estudios indican que el oleoducto atravesaría áreas protegidas, manglares, ecosistemas marinos, bosques tropicales y zonas vinculadas al sistema hídrico que alimenta el Canal de Panamá.
Entre las áreas potencialmente afectadas se encuentran el Parque Nacional Soberanía, el lago Gatún, la Isla Barro Colorado y el Refugio de Vida Silvestre de Taboga.
Los habitantes de Taboga también han manifestado preocupación por las consecuencias que tendría la expansión petrolera sobre la pesca artesanal y el turismo, principales actividades económicas de la isla.
La propuesta venezolana
Una tercera iniciativa surgió a partir de acuerdos de cooperación energética firmados entre Panamá y Venezuela.
El proyecto contempla la construcción de una refinería con capacidad para procesar 150.000 barriles diarios de petróleo, destinada principalmente al abastecimiento del mercado centroamericano.
La propuesta sería desarrollada por Petróleos de Venezuela (PDVSA), aunque hasta finales de 2007 los avances concretos eran limitados y el proyecto permanecía en etapa de evaluación.
La refinería mesoamericana
La cuarta posibilidad es la llamada Refinería Mesoamericana, impulsada dentro de los planes de integración energética regional.
Panamá figura entre los países candidatos para albergar esta instalación, junto con Guatemala.
Estudios técnicos realizados para el proyecto señalan que Panamá posee importantes ventajas logísticas debido a su posición geográfica, su infraestructura portuaria y la posibilidad de reducir costos de transporte.
Guatemala, por su parte, presenta ventajas en materia de infraestructura industrial y condiciones técnicas para la construcción.
La decisión final dependerá de los inversionistas encargados de financiar la obra, quienes evaluarán factores económicos, logísticos y comerciales antes de seleccionar la ubicación definitiva.
Desarrollo energético o nueva amenaza ambiental
La estrategia panameña busca consolidar al país como uno de los principales centros energéticos del continente. Sin embargo, el debate continúa abierto.
Mientras el gobierno y las empresas promotoras destacan los beneficios económicos, la generación de empleo y las oportunidades de inversión, organizaciones ambientalistas advierten que la expansión petrolera podría incrementar los riesgos sobre ecosistemas de enorme valor ecológico y profundizar conflictos con comunidades locales.
La pregunta que comienza a plantearse en Panamá es si el país podrá convertirse en un centro energético internacional sin sacrificar los recursos naturales que han sido fundamentales para su desarrollo y para el funcionamiento de una de las rutas comerciales más importantes del mundo.
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