Por Mauricio Álvarez Mora.*
En el año 2005, en el marco de la Convención sobre Cambio Climático celebrada en Montreal, el entonces presidente de Costa Rica, Abel Pacheco de la Espriella, realizó un pronunciamiento que, visto en perspectiva, plantea una pregunta incómoda pero necesaria: ¿hasta qué punto los compromisos ambientales asumidos en los espacios internacionales logran traducirse en transformaciones reales del modelo de desarrollo?
El mensaje fue claro en su tono y en su contenido. Costa Rica, afirmó el mandatario, observaba con preocupación “los cambios climáticos y la destrucción acelerada de áreas protegidas”, reconociendo que estas tendencias amenazan las condiciones mismas de la vida en el planeta. En ese contexto, el gobierno costarricense decidió respaldar el eco-llamado impulsado por la red Oilwatch Internacional, considerándolo un insumo relevante para la construcción de estrategias globales frente a la crisis climática.
No se trataba de una declaración menor. El eco-llamado de Oilwatch, que planteaba la necesidad de dejar el petróleo en el subsuelo como una medida concreta para enfrentar el cambio climático, representaba una posición crítica frente al modelo energético dominante. Que un jefe de Estado recogiera esa propuesta en un foro internacional implicaba, al menos en el plano discursivo, un reconocimiento de que la solución no pasa únicamente por mitigar impactos, sino por cuestionar las causas estructurales del problema.
El pronunciamiento incluyó además anuncios concretos. El gobierno aseguró que no había sacado a licitación nuevas concesiones petroleras y que había iniciado un proceso para reformar la Ley de Hidrocarburos, una normativa que históricamente había facilitado la entrega de concesiones a empresas petroleras. Este proceso, según se indicó, surgía de un diálogo con sectores sociales organizados, entre ellos el grupo Acción de Lucha Antipetrolera.
En ese momento, Costa Rica parecía posicionarse como un país dispuesto a tomar distancia de la expansión petrolera, alineando su política interna con una narrativa internacional que apelaba a la responsabilidad ambiental. Sin embargo, la relevancia de este pronunciamiento no radica únicamente en lo que se dijo, sino en lo que implica.
Reconocer la gravedad del cambio climático y respaldar propuestas como las de Oilwatch supone aceptar que el modelo basado en combustibles fósiles es insostenible. Pero también implica enfrentar tensiones profundas, tanto internas como externas. La presión de intereses económicos, la dependencia de ciertos sectores productivos y las contradicciones propias de un sistema global basado en el crecimiento constante hacen que este tipo de compromisos sean difíciles de sostener en el tiempo.
Por eso, este episodio debe leerse no solo como un gesto político, sino como un punto de inflexión que evidencia las posibilidades y los límites de la acción estatal en materia ambiental. La decisión de no abrir nuevas concesiones petroleras y de revisar el marco legal vigente fue, sin duda, significativa. Pero también dejó en evidencia que los avances en esta materia dependen de procesos sociales más amplios, donde la presión de movimientos, organizaciones y comunidades juega un papel fundamental.
El eco-llamado de Oilwatch no fue simplemente una consigna, sino una propuesta que cuestiona las bases mismas del modelo energético global. Que haya sido recogido por un presidente en un foro internacional muestra su potencia política. Pero también nos recuerda que el verdadero desafío no está en enunciar principios, sino en sostenerlos frente a las múltiples presiones que buscan revertirlos.
A más de una década de aquel pronunciamiento, la pregunta sigue vigente. ¿Puede un país como Costa Rica avanzar hacia un modelo verdaderamente coherente con su discurso ambiental? ¿O quedará atrapado en las contradicciones entre su imagen internacional y las dinámicas internas que reproducen el extractivismo?
El valor de aquel eco-llamado radica precisamente en eso: en seguir interpelando, en recordar que las decisiones sobre el petróleo no son solo técnicas o económicas, sino profundamente éticas. Y en evidenciar que, frente a la crisis climática, no basta con adaptarse. Es necesario cambiar de rumbo.
* Red Oilwatch Mesoamérica
A continuación, el texto del pronunciamiento completo:
PRONUNCIAMIENTO DEL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DE COSTA RICA, DR. ABEL PACHECO DE LA ESPRIELLA, ANTE ECO LLAMADO DE OILWATCH
Costa Rica ve con preocupación los cambios climáticos y la destrucción acelerada de áreas protegidas que hoy ocurren y amenazan con crear condiciones hostiles para la vida en el Planeta Tierra.
En ese contexto, Costa Rica valora la importancia del ecollamado formulado por OILWATCH Internacional y estima que debe ser tenido en cuenta por la comunidad internacional, los Gobiernos Nacionales y los Organismos Internacionales, como un insumo en la formulación de estrategias globales para combatir el proceso de cambio climático y la destrucción de áreas protegidas entre otros males que hoy amenazan el equilibrio ecológico planetario y a las comunidades locales.
Consecuente con ello, mi Gobierno no ha sacado a licitación ninguna concesión para exploración y/o explotación de petróleo en Costa Rica. Además hemos iniciado el proceso para modificar la Ley de Hidrocarburos que declara de interés nacional las actividades petroleras dentro del territorio ya que esa ley facilita el otorgamiento de concesiones a las compañías petroleras sobre nuestro territorio. La propuesta de modificación surge de un proceso consensuado entre las autoridades sectoriales del Gobierno de la República y el grupo Acción de Lucha Antipetrolera (ADELA).
Estamos firmemente convencidos de que acciones como las reseñadas responden a la preocupación mundial sobre estos temas y expresan nuestro compromiso en la lucha que debemos librar para atenuar los efectos de los cambios climáticos, combatir sus causas y preservar la protección de áreas especialmente sensibles de nuestros ecosistemas.
ABEL PACHECO DE LA ESPRIELLA PRESIDENTE DE LA REPUBLICA
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