domingo, 27 de junio de 2010

A 300 años de Pabru Presberi, Talamanca vuelve a levantarse en defensa de su territorio


Por Mauricio Álvarez Mora.

Las comunidades indígenas de Talamanca volvieron a levantar su voz. En el marco de la conmemoración de los 300 años del asesinato de Pabru Presberi, representantes Bribri, Cabécar y Ngäbe-Buglé firmaron un manifiesto colectivo denunciando las múltiples amenazas que hoy enfrentan sus territorios y reafirmando su decisión de defender la autonomía indígena frente al avance de proyectos extractivos y de intereses externos.

El pronunciamiento surge después de varias inspecciones comunitarias realizadas en sectores montañosos de Alto Urén, donde las comunidades denunciaron incursiones vinculadas a intereses mineros. Durante una de las giras realizadas entre mayo y junio, personas de distintas comunidades lograron llegar hasta Tsiùbata, una zona alta de difícil acceso, donde encontraron evidencias de un helipuerto clandestino utilizado para extraer muestras de roca con minerales. Días después se realizó otra inspección con presencia policial.

Para las comunidades, estos hechos no son aislados. Forman parte de una presión constante sobre Talamanca, una región codiciada por su riqueza biológica, hídrica y mineral. El manifiesto denuncia que compañías privadas nacionales y transnacionales continúan ingresando a territorios indígenas, muchas veces de manera ilegal o mediante acuerdos hechos a espaldas de las comunidades, violentando derechos protegidos por el Convenio 169 de la OIT y la legislación indígena nacional.

Uno de los temas centrales del documento es la amenaza hidroeléctrica. Las comunidades alertan sobre proyectos de represas previstos sobre ríos como el Telire, Coén, Lari y Urén, así como sobre afectaciones potenciales al Parque Internacional La Amistad y a humedales de importancia internacional en la cuenca baja del Sixaola. Según el manifiesto, las represas no solo destruirían ecosistemas y biodiversidad, sino también las bases materiales y culturales que sostienen la vida de los pueblos indígenas y campesinos de la región.

Las comunidades advierten que la historia mundial demuestra que los pueblos desplazados por represas difícilmente logran reconstruir sus formas de vida. Por eso sostienen que inundar los territorios equivale también a destruir culturas enteras.

La minería aparece como otra de las grandes amenazas señaladas en el documento. Las comunidades denuncian incursiones ilegales, apertura de trochas en la montaña, exploraciones clandestinas y estrategias de división comunitaria mediante regalos, promesas o ayudas económicas. El manifiesto cuestiona además que algunas de estas iniciativas hayan contado con el respaldo de ciertos dirigentes indígenas y estructuras institucionales.

También existe una fuerte crítica hacia las políticas estatales. El documento considera insuficiente la moratoria minera anunciada recientemente por el gobierno, señalando que aún existen numerosos expedientes mineros activos y mecanismos legales que podrían permitir nuevas concesiones en la región. Para las comunidades, Talamanca no puede reducirse a una reserva de recursos explotables para beneficio de empresarios nacionales y transnacionales.

El manifiesto además denuncia intentos de exploración petrolera en el Caribe Sur y cuestiona convenios internacionales promovidos por el gobierno costarricense para atraer inversiones energéticas. A esto se suma la preocupación por procesos de bioprospección y apropiación del conocimiento ancestral indígena vinculados a proyectos sobre biodiversidad y recursos medicinales de la región.

Las comunidades también alertan sobre la inseguridad territorial que enfrentan pequeños productores de la zona fronteriza del Sixaola, quienes denuncian presiones y amenazas relacionadas con el uso y control de tierras cercanas a la frontera con Panamá.

Más allá de cada conflicto particular, el documento expresa una preocupación común: que Talamanca está siendo sometida a un proceso de recolonización mediante proyectos extractivos y mecanismos económicos que ponen en riesgo la autonomía territorial y cultural de los pueblos indígenas.

Por eso, la conmemoración de los 300 años de la muerte de Pabru Presberi no tiene únicamente un sentido histórico. Las comunidades reivindican su memoria como símbolo de resistencia y continuidad de la lucha territorial indígena. Recuerdan que Talamanca fue uno de los pocos territorios de la región que nunca logró ser completamente conquistado por los colonizadores españoles, y afirman que hoy la defensa continúa frente a nuevas formas de invasión y despojo.

El manifiesto concluye con una advertencia clara: si intentan imponer nuevamente proyectos extractivos sobre la región, Talamanca volverá a unirse para defender sus territorios, no solo por las comunidades indígenas, sino también por la defensa de la Madre Tierra y del patrimonio natural y cultural del país.

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