Por Mauricio Álvarez Mora.
Las comunidades indígenas Bribri de Alta Talamanca denuncian una nueva incursión vinculada a intereses mineros en la zona montañosa de Alto Urén. Lo que ocurre actualmente en el territorio no es un hecho aislado, sino parte de una larga historia de presiones extractivas sobre una de las regiones con mayor riqueza biológica y cultural de Costa Rica.
Durante los primeros días de julio, habitantes de la comunidad reportaron sobrevuelos constantes de helicópteros y movimientos inusuales en sectores boscosos cercanos en el nacimiento del rio Urén y el cerro Sukü, importante fuente de agua para la región y un cerro sagrado. Posteriormente se confirmó el ingreso de personas extranjeras y nacionales que pretendían instalar un campamento para iniciar labores de exploración minera dentro del territorio indígena.
La situación provocó una inmediata reacción de la Asociación de Desarrollo Integral del Territorio Indígena Bribri, que organizó una gira junto con autoridades ambientales, Fuerza Pública y organizaciones ecologistas para inspeccionar el área afectada y formalizar las denuncias correspondientes.
En el sitio se constató la tala de decenas de árboles, daños a cultivos tradicionales y afectaciones a la quebrada Wekö de gran importancia para la biodiversidad local. También se denunciaron daños a un cementerio indígena cercano, lo que generó indignación entre las familias de la comunidad por el impacto cultural y espiritual que representa la destrucción de estos espacios.
Los promotores del proyecto argumentan que la minería podría traer empleo y desarrollo económico a las comunidades indígenas de Talamanca, aprovechando las condiciones de pobreza y abandono histórico que vive gran parte de la población de la zona. Sin embargo, la respuesta de las comunidades ha sido contundente. Durante una asamblea realizada por ADITIBRI, la dirigencia y las personas presentes rechazaron de manera abierta cualquier intento de impulsar minería en el territorio.
La preocupación de las comunidades va mucho más allá del daño ambiental inmediato. Talamanca representa uno de los territorios con mayor biodiversidad del país y concentra parques nacionales, reservas indígenas y sitios de enorme importancia cultural para los pueblos Bribri y Cabécar. Para muchas personas de la región, permitir actividades extractivas significaría abrir la puerta a una transformación profunda del territorio y a la pérdida de control comunitario sobre sus recursos naturales.
Además, esta no es la primera vez que intereses mineros intentan ingresar a la zona. Desde décadas atrás, distintos actores extranjeros han mostrado interés en explorar las montañas de Alto Urén y otros sectores de Talamanca. Las comunidades recuerdan experiencias previas de exploración minera y la creación de organizaciones interesadas en promover la extracción de minerales en territorios indígenas.
Frente a esta nueva amenaza, organizaciones indígenas y ecologistas insisten en la necesidad de fortalecer la vigilancia comunitaria y defender el patrimonio natural y cultural de Talamanca. Para las comunidades, la discusión no es solamente económica. Lo que está en juego es el derecho de los pueblos indígenas a decidir sobre su territorio y proteger una región clave para la biodiversidad y la memoria cultural de Costa Rica.

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