Por Mauricio Álvarez Mora
La expansión del monocultivo de piña en Costa Rica ha sido presentada durante años como un motor de crecimiento económico y generación de empleo. Sin embargo, nuevos datos provenientes del estudio “Monitoreo de cambio de uso en paisajes productivos” (MOCUPP) obligan a replantear esta narrativa. Lo que emerge no es solo un problema ambiental, sino también un modelo económico profundamente desequilibrado, cuyos costos reales están siendo asumidos por el país, sus ecosistemas y sus comunidades.
Uno de los hallazgos más reveladores del MOCUPP es la magnitud de la expansión piñera. Mientras el Censo Agrícola de 2015 reportaba 37.659,9 hectáreas sembradas, el monitoreo basado en sistemas de información geográfica identificó un total de 58.442 hectáreas. La diferencia, cercana a 20.000 hectáreas, evidencia una falta de control institucional alarmante sobre el uso del territorio. En términos simples, el Estado no sabe con precisión cuánta piña se produce, dónde ni bajo qué condiciones.