En distintos territorios del país se repite una misma
escena, comunidades enfrentando las consecuencias de un modelo de desarrollo que avanza sin límites sobre la naturaleza y sobre la vida misma. No se trata de hechos aislados, sino de una acumulación de conflictos que, juntos, dibujan una preocupante radiografía ambiental.
En las zonas dominadas por el monocultivo de piña, la contaminación por agroquímicos se ha vuelto parte del cotidiano, las fuentes de agua, los suelos y la salud de las comunidades cargan con los costos invisibilizados de un modelo agroexportador que prioriza la rentabilidad sobre la vida.
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