Por Mauricio Álvarez Mora. Ecologista, facilitador de la Red Oilwatch en Mesoamérica
El 4 de febrero de 2007 se produjo un derrame de petróleo en la Bahía de Chiriquí Grande, en Panamá, que puso en evidencia las debilidades estructurales de la industria petrolera en la región, así como la vulnerabilidad de las comunidades costeras e indígenas frente a este tipo de desastres. El presente análisis se basa en una visita de monitoreo realizada entre el 27 de febrero y el 2 de marzo de 2007, que incluyó entrevistas con pobladores, trabajadores de la empresa Petroterminal de Panamá (PTP) y la recopilación de información documental.
De acuerdo con reportes de prensa y testimonios recogidos en campo, el derrame ocurrió durante el bombeo de crudo hacia el buque Petrosvsk, cuando se produjo la ruptura de una válvula hidráulica en el sistema de monoboyas. Un trabajador de la empresa, que prefirió mantener el anonimato por temor a represalias, relató que la tubería presentó ingreso de aire, lo que provocó vibraciones que derivaron en una reacción incorrecta por parte del personal operativo. La falta de capacitación adecuada llevó a un cierre indebido de válvulas, generando una sobrepresión que terminó en la explosión del sistema. Como consecuencia, el crudo fue expulsado violentamente, alcanzando viviendas, cuerpos de agua y personas.