Por Mauricio Álvarez Mora, (ex)abstencionista y Fabian Pacheco Rodríguez, ecologista
El gobierno de Rodrigo Chaves es, en apariencia, mágico: resolvió todos los problemas sin atender ninguno y sin hacer nada de fondo. No recurrió a políticas estructurales, sino a una eficaz, y violenta, psicomagia política. Operó simbólicamente sobre una población históricamente vulnerabilizada durante décadas; una exclusión tan estructural donde lo único que se hereda es la pobreza. Se trata de personas, comunidades y sectores que, durante más de 70 años, ni siquiera en los mejores momentos del Estado costarricense -previos al neoliberalismo- lograron sentir que la democracia les pertenecía o los incluía. La democracia era un discurso y algo del GAM.





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