Por Mauricio Álvarez Mora.
En octubre de 2009, a pocas semanas de la Conferencia de las Partes sobre cambio climático en Copenhague, diversas redes y movimientos sociales de Asia, África y América Latina se reunieron en Quito con el objetivo de articular una posición común frente a una crisis que ya se perfilaba como uno de los principales ejes de la agenda global. En un contexto internacional dominado por propuestas centradas en el mercado y en compromisos estatales limitados, este encuentro planteó la necesidad de desplazar el foco hacia las causas estructurales del cambio climático y hacia las voces de los pueblos del Sur, históricamente afectados por un modelo de desarrollo basado en la explotación intensiva de la naturaleza.
