Por Mauricio Álvarez Mora.*
En el año 2005, en el marco de la Convención sobre Cambio Climático celebrada en Montreal, el entonces presidente de Costa Rica, Abel Pacheco de la Espriella, realizó un pronunciamiento que, visto en perspectiva, plantea una pregunta incómoda pero necesaria: ¿hasta qué punto los compromisos ambientales asumidos en los espacios internacionales logran traducirse en transformaciones reales del modelo de desarrollo?
El mensaje fue claro en su tono y en su contenido. Costa Rica, afirmó el mandatario, observaba con preocupación “los cambios climáticos y la destrucción acelerada de áreas protegidas”, reconociendo que estas tendencias amenazan las condiciones mismas de la vida en el planeta. En ese contexto, el gobierno costarricense decidió respaldar el eco-llamado impulsado por la red Oilwatch Internacional, considerándolo un insumo relevante para la construcción de estrategias globales frente a la crisis climática.
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