lunes, 24 de noviembre de 2025

La poesía del silencio y la rebeldía

Comentario de la película “Una noche sin saber nada”, dirigida por Payal Kapadia

Como parte del ciclo de cine “Yo protesto”: luchas estudiantiles y movimientos sociales, realizado por el Quince UCR, se me invitó a comentar la película Una noche sin saber nada (India, 2021) a la luz de nuestra realidad.

Esta pieza visual es profundamente poética, con una narrativa cálida y singular. Combina ficción con un material de archivo muy bien curado, imágenes en blanco y negro e incluso grabaciones de cámaras de seguridad que evidencian la dura represión contra la lucha estudiantil en la India. Esta mezcla hace que la poesía emerja en los silencios, las pausas y los tiempos muertos, otorgándole mayor fuerza a la denuncia política y brindando al espectador un espacio para asimilar y hasta alucinar con el contenido.

En cierta forma, el documental posee un componente autobiográfico. En 2015, Kapadia fue una de las 35 personas estudiantes arrestadas por protestar contra la elección, impulsada por el régimen de Narendra Modi, de un nuevo presidente del Instituto de Cine y Televisión de la India. Los arrestos tuvieron lugar en el día 68 de una manifestación que se extendió por casi cinco meses, en rechazo a esta figura conservadora impuesta por el gobierno.

Amar y ser consecuente con un amor censurado por imposiciones sociales es también un acto de resistencia. La película presenta una historia de amor prohibido por las diferencias de “castas”. El afecto se expresa entonces mediante cartas y pensamientos que son respondidos con silencios, en los cuales el espectador puede imaginar, completar el diálogo o reiterar la incertidumbre. Es un retrato de las contradicciones que enfrenta la juventud: sus deseos y prácticas de libertad ante un régimen y una sociedad profundamente conservadora y tradicional.

El sistema de castas determina la vida de miles de personas: matrimonios arreglados, acceso a estudios y empleos, así como la participación en la vida pública. Además, guarda una estrecha relación con el patriarcado, el autoritarismo y la censura cultural, fenómenos que toman aún más fuerza con el ascenso del gobierno de Modi.

La película transita del plano íntimo del amor hacia las protestas contra un sistema autoritario que define el futuro de las personas. Es decir, parte de lo concreto y cotidiano, del pequeño ecosistema del amor, la camaradería y el arte, hacia una esfera marcada por las desigualdades de casta, clase, género y autoritarismo.

Esa mirada poética e insurgente sobre la juventud india puede invitarnos a reflexionar sobre cómo se relacionan estas luchas con nuestro propio contexto, donde el movimiento estudiantil ha desempeñado históricamente un papel clave en abrir debates públicos, cuestionar políticas y generar conciencia social.

Este ejercicio comparativo me llevó a recordar un texto que escribí en 2018, titulado Latencias subversivas, para una mesa redonda en conmemoración del centenario de la Reforma de Córdoba: ¿Está muerto el movimiento estudiantil? Memorias de la cultura política 1970-2000-2007-2018. Allí planteo la idea de semillas en latencia como metáfora de la organización y movilización estudiantil y juvenil durante las últimas tres décadas. Desde mi experiencia, destaco cómo esos momentos de aparente quietud fueron claves para luchas socioambientales, para fortalecer un espíritu rebelde y contestatario, y para consolidar el tejido social humano.

En Costa Rica, la organización estudiantil ha sido fundamental para defender la educación pública, la solidaridad y también para acompañar a comunidades en resistencia frente a megaproyectos que amenazan territorios y ecosistemas. La energía, creatividad y capacidad de movilización de las y los estudiantes permiten visibilizar problemáticas socioambientales y articular demandas de justicia territorial desde una perspectiva crítica y solidaria.

El movimiento estudiantil puede aportar mediante varias formas: visibilización, solidaridad activa y producción de conocimiento crítico, situado y útil para la transformación social.
  • La visibilización amplifica denuncias, como las agresiones y amenazas que enfrentan personas defensoras ambientales.
  • La solidaridad activa implica acompañar procesos de recuperación de tierras, defensa del agua y lucha contra el extractivismo de forma creativa y fresca.
  • La producción de conocimiento crítico permite generar investigaciones, materiales y espacios de análisis que fortalezcan la legitimidad de las luchas comunitarias y cuestionen la impunidad en la violación de derechos humanos ambientales.
Las alianzas sólidas nacen cuando estudiantes y juventudes se reconocen como parte de la misma lucha, construyendo vínculos horizontales y de confianza: es decir, tejido social vivo.

Para hacer realidad estas alianzas es necesario reconocer que todas estas luchas comparten raíces en un mismo sistema de desigualdad y extractivismo. Para articularlas se requiere crear espacios de convergencia, encuentros y redes donde movimientos ambientales, feministas, estudiantiles, campesinos e indígenas puedan dialogar, y construir narrativas compartidas: discursos de justicia social que muestren que la defensa del ambiente no es aislada, sino que está ligada a la defensa del territorio, la educación, la salud y la vida digna.

Defender un río de la contaminación, exigir transparencia en una universidad, cuestionar una política discriminatoria o acompañar la recuperación de territorio indígena son acciones que, aunque parezcan puntuales, construyen conciencia colectiva y abren grietas en estructuras de poder injustas. Los grandes cambios estructurales en el país surgen de la suma de muchas pequeñas resistencias que, con el tiempo, se convierten en movimientos sociales capaces de transformar políticas e instituciones.

La película nos recuerda que el movimiento estudiantil no muere, sino que se transforma. Entre amores clandestinos, lecturas, ocupaciones universitarias y represiones policiales, se teje una memoria que no siempre aparece en los libros de historia, pero que permanece viva en quienes participaron y siguieron caminos de transformación. Esa memoria -sea en latencia o germinada- alimenta esperanzas y ofrece referentes para disputar el futuro, ya sea en la India o en nuestro propio territorio.



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